Anne-Marie Losonczy

  • ¿Qué es ser "moreno", "libre", "chocoano", "cholo" o "Emberá" en los ríos del Chocó rural? ¿Son necesarios la presencia, el impacto cultural y la parcial inclusión del otro en el espacio social propio para desplegar todos los recursos y competencias sociales y culturales para sentirse plenamente uno mismo? ¿Pueden entenderse la trama interétnica y sus diferentes figuras como una de las fuentes de la creatividad social y de la singularidad cultural de ciertos grupos minoritarios acercados por la historia y el territorio? ¿Cómo analizar construcciones culturales cuya identidad consiste precisamente en su apertura audaz hacia otras, en la multiplicidad de prácticas, alianzas y referentes territoriales y culturales? ¿Sería esta estrategia cultural una alternativa a la ignorancia del otroy a la violencia ? Es alrededor de estas preguntas que el presente libro -al margen de un concepto contrastivo y cerrado de la identidad- se adentra en la exploración del espacio social y su construcción cultural y ritual dentro de los grupos negros e indígenas Emberá vecinos del Chocó rural. Dibujando las filigranas históricas, sociales y culturales de su desarrollo y convivencia en la sutil dialéctica entre distancia y proximidad, Anne-Marie Losonczy analiza la circulación interétnica de bienes, servicios, enfermedades, curaciones, rituales, palabras y silencios. Los lincamientos del compadrazgo intra e interétnico creador de redes regionales entre lo rural y lo urbano, los de la presencia de la huella del África del lejano origen y los vecinos Emberá, y las astucias rituales de ambos grupos para desarmar conflictos internos con los recursos del otro, reproducen espacios sociales de intersección que se convierten en una interdependencia mutua y, simultáneamente, en una fuente de singularidad cultural para ambos. Cruzamientos y circulación de prácticas e ideas, zarabanda de santos, muertos, diablos y espíritus chamánicos: su análisis permite a la autora despejar una vía inédita para los estudios afroamericanos, lo que impone una revisión de las teorías más corrientes de la identidad cultural y étnica.

  • En 1939, l'URSS annexe une partie de l'Europe centrale et orientale. Durant la décennie qui suit, un million d'Allemands, de Biélorusses, d'Estoniens, de Lettons, de Lituaniens, de Polonais, de Hongrois, d'Ukrainiens, dont de nombreux juifs, sont arrêtés par familles entières. Les hommes sont envoyés dans des camps de travail, les femmes, les enfants et les plus âgés sont déplacés dans des villages du Grand Nord soviétique, en Sibérie ou dans les steppes kazakhes.
    Dans un récit bouleversant, Marta Craveri et Anne Marie Losonczy restituent ce pan longtemps ignoré de l'histoire du Goulag en donnant la parole aux témoins qui n'étaient encore que des enfants ou des adolescents lorsqu'ils furent déportés. La violence, la peur, le danger, la lutte pour la survie ont constitué, des décennies durant, le quotidien de ces jeunes, sans pour autant faire disparaître les joies de l'enfance, les liens d'amitié, la curiosité. Une fois libérés, à compter du milieu des années 1950, parfois beaucoup plus tard, revenant sur leur terre natale devenue étrangère, ces adultes à l'enfance confisquée ont dû reconstruire une vie, une identité. Ils ont su faire face à la suspicion et au silence liés à ces crimes qui peinent encore à trouver une place dans la mémoire collective européenne.

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